dimecres, 13 de gener de 2010

el camino


Las cosas podrían haber sucedido de cualquier otra manera y, sin embargo, sucedieron así.Daniel, el Mochuelo, desde el fondo de sus once años, lamentaba el curso de los acontecimientos, aunque lo acatara como una realidad inevitable y fatal. 
... Su padre entendía que esto era progresar; Daniel, el Mochuelo, no lo sabía exactamente. El que él estudiase el Bachillerato en la ciudad podría ser, a la larga, efectivamente, un progreso.
...Pero a Daniel, el Mochuelo, le bullian muchas dudas en la cabeza a este respecto. Él creía saber cuanto puede saber un hombre.
Leía de corrido, escribía para entenderse y conocía y sabía aplicar las cuatro reglas. Bien mirado, pocas cosas cabían más en un cerebro normalmente desarrollado. No obstante, en la ciudad, los estudios de Bachillerato constaban, según decían, de siete años y después,los estudios superiores, en la universidad, de otros tantos años por lo menos.¿Podría existir algo en el mundo cuyo conocimiento exigiera catorce años de esfuerzo, tres más de los que ahora contaba Daniel? Seguramente en la ciudad se pierde mucho el tiempo -pensaba el Mochuelo- y, a fin de cuentas, habrá quien... al cabo de catorce años de estudio, no acierte a distinguir un rendajo de un jilguero, una boñiga de un cagajón. La vida era así de rara, absurda y caprichosa.
 
 
 
...
- ¡Mochuelo!
Se arrojó de la cama exaltado, y se asomó a la carretera. Allí abajo, sobre el asfalto, con una cantarilla vacía en la mano, estaba la Uca-uca.
Le brillaban los ojos de una manera extraña.
-Mochuelo, ¿sabes? Voy a la Cullera a por la leche.No podré decirte adiós en la estación.
Daniel, el Mochuelo, al escuchar la voz grave y dulce de la niña, notó que algo  muy íntimo se le desgarraba dentro del pecho.

-Adios Uca-uca - dijo el Mochuelo. Y su voz tenía unos trémolos inusitados.
-Mochuelo, ¿te acordarás de mi?
Daniel apoyó los codos en el alféizar y se sujetó la cabeza con las manos.Le daba mucha vergüenza decir aquello, pero esta era su última oportunidd.
-Uca-uca...- dijo al fin-. No dejes a la Guindilla que te quite las pecas, ¿me oyes?¡no quiero que te las quite!
 
Y se retiró de la ventana violentamente, por que sabía que iba a llorar y no quería que la Uca-uca lo viese. Y cuando empezó a vestirse le invadió una sensación muy vívida y clara de que tomaba un camino distinto del que el Señor le había marcado. Y lloró, al fin.

1 comentari:

  1. me gusto... aunque no sea un asiduo lector... puse algo en mi blog para que me des tu opinión... besos con un dulce sabor

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